Esta muriendo el alma de la música

¿Está muriendo el alma de la música?

POR LUKAS MEMPHIS

Durante mis años de caos mental y de querer convertirme en una pieza clave en la reconstrucción del mundo, el punk fue mi acompañante en el viaje, deleitándome con guitarras que ofrecían poco más que una distorsión y un riff creado después de un día de drogas y decadencia, vocalistas que generaban incomodidad y hasta vergüenza ajena para algunos puristas del “buen cantar”, grabaciones que me hacían sentir como si estuviera en el mismo garaje por lo rustico de su mezcla y una sensación de sinceridad al transmitir en dos minutos de ruido todo lo que llevaban dentro- independiente del contenido de sus letras- cosa que me maravillaba mucho, y no solo con el punk, bandas históricas como Led Zepellin, The Doors hasta movimientos mucho más experimentales como la gran Bjork me generaban una satisfacción al escuchar sus canciones, pero, ¿porque?

Desde el inicio del nuevo siglo hemos sido testigos de nuevas formas de interactuar con la música, de consumirla y lo más importante, de escucharla, una nueva generación de melómanos  ha crecido con una revolución digital liderada por descargas, streaming y ahora algo que se suma con más fuerza en las nuevas grabaciones de todos los grandes músicos del mundo – que no son ajenos a esta revolución- canciones apalancadas de la tecnología para sonar perfectas en cada uno de sus acordes, compases sin rastros de error, voces celestiales que no dejan nada al azar con filtros vocales y correcciones en ocasiones imperceptibles por el oído haciendo de cualquier cantante un privilegiado por los dioses. Tal vez el género más afortunado con este aspecto ha sido el reggaetón, liderado por un autotune desmesurado el cual ha estado robando algo muy importante a la interpretación, la pasión y la humanidad en cada una de sus letras, pero para aquellos detractores de Maluma y compañía, el rock actual también se ha dejado contagiar con arreglos muchas veces innecesarios en el producto final.

Encontramos bandas históricas y en ascenso que al ser desfragmentadas muestran un resumen del siglo XXI; un afán constante de querer eliminar todos los defectos que hacen de cada artista una pieza única dentro de la industria, la idealización de una banda que en vivo va a estar en aprietos por no entonar tal cual el álbum de estudio, la frustración de muchos nuevos músicos buscando una interpretación imposible por algún error vocal o instrumental – solo posible para un robot-, eso mis amigos es el principal inconveniente con la música de hoy, que nos preocupamos más por la increíble voz que tiene mas no como interpreta sus emociones a través de una canción.

Hemos entrado en un territorio donde no estamos escuchando al artista en su totalidad.

Siempre he creído que la tecnología es una herramienta de gran importancia para la música, se puede decir que los arreglos en el estudio han tenido una participación activa a lo largo de las décadas, otra cosa es forzar una fusión del arte que supone la música con una máquina. Hemos entrado en un territorio donde no estamos escuchando al artista en su totalidad, la industria hace bastante daño a los oyentes con estas prácticas de publicidad engañosa, ha vuelto perezosas a las agrupaciones, sabiendo que, si existe algún “desperfecto” en tiempos o afinación van a solucionarse con un click posteriormente. Sería lo mismo que modificar un cuadro a través de una aplicación con el fin de eliminar los “errores” del pintor en color, profundidad, texturas.

Es posible entablar una relación música – tecnología que suponga todo un deleite auditivo, disfrutar sonidos que difícilmente puedan replicarse en un instrumento tradicional, loops y sintetizadores explorados por Pink Floyd convirtiéndolos en leyendas con su Dark Side of the Moon, el poder tener a monstruos como Daft Punk que encontraron en la saturación vocal a través de efectos de Pc la fórmula del éxito, o simplemente prestar atención a lo que cada banda tiene que decir, escuchar la música con honestidad, con alma y vida, llorar, enojarse, reír, sentirse identificado con las desgracias o alegrías del compositor, eso para mí debería ser lo más importante.

Como conclusión puedo pensar que tal vez me he vuelto anticuado y esta tendencia sea vital para mantener vivos a los miles de proyectos musicales alrededor del mundo, maquillar los discos mucho más para ser atractivos a la audiencia que de por sí ya se ha compenetrado con esta forma de relacionarse y el claro ejemplo lo vemos en las redes sociales, de todas formas mi consejo para ti productor, músico o disquera es recordarte que el arte es la proyección de todo lo que nos define como seres humanos, nuestros miedos, alegrías, debilidades, una mirada al fondo de nuestro abismo y vernos cara a cara con todo aquello que nos hace únicos, probando que la imperfección es tan vital como el aire que respiramos.