VOX PLAZEBO – Remakes en el cine: ¿La mina de oro definitiva?

Los remakes son una práctica que en la actualidad forman parte de ese segmento de contenidos que, si o si deben estar en la mente de directores de cine, productoras y la industria como tal.

Este concepto no es para nada reciente, en el año 1904 se presentaba Asalto y Robo de un Tren (1903) el primer remake de la historia del cine, abriendo la puerta a que los clásicos de toda la vida no se archivaran para la posteridad, sino que fueran revividos en momentos clave comercialmente hablando.

Las nuevas técnicas de fotografía, efectos especiales, sonido, etc., han permitido que nuevas generaciones tuvieran contacto con la magia que a los primeros espectadores encantó, pero con los privilegios tecnológicos de vanguardia, fusionándose con la visión del director y expresando una narrativa más fiel a como se había pensado, llevando al espectador justo por el rumbo que el film quiere.    

El punto de climax para las nuevas adaptaciones es sin duda durante el siglo XXI, si bien en décadas pasadas ya habían pinceladas de marcaban esta tendencia, hoy en día es cuando la cultura del remake tiene un espacio obligatorio dentro de la taquilla mundial, permitiendo que del 100% de producciones, tendremos religiosamente una cuota de nuestras películas favoritas de la infancia o adolescencia, esperando ansiosas por nuestras lágrimas y parte de la billetera.

En el papel, parece un negocio redondo, los fans tenemos nuestra dosis de nostalgia en alta definición y las productoras amasan millones de dólares, sin embargo, hay un patrón que se hace fuerte y es la división por parte de los espectadores al momento de calificar dichas películas, poniendo en duda la efectividad artística de estas producciones.

Es claro que un remake procura ser lo más fiel posible a la obra original, misma que para haber sido elegida, tuvo un filtro preliminar para su selección, el éxito en taquilla, ser referente para los fanáticos, tener una buena historia, no perder vigencia a través de los años, no obstante, es notorio que los cinéfilos están evaluando otra serie de aspectos que las compañías cinematográficas pasan por alto, poniendo incluso una barrera de insuperables a los títulos originales.

Tomemos como ejemplo las nuevas películas del Rey León y Aladdin, Disney se la ha jugado con el formato Live-Action, gastando millones en el uso de efectos con pantalla verde y otros más en post producción, el resultado final tiene tonos grises, ya que por un lado ha sido una maquina imparable de recaudaciones a lo largo del planeta, pero por otro la opinión de la obra en sí, deja un 50% de aceptación y el otro 50% con un escueto “Neh”.

Poltergeist, el clásico de terror del año 1982 también tuvo su momento para lucirse en 2015, a pesar de no tener tantos adeptos como Disney, si había cierta expectativa alrededor de esta cinta que ha sabido conservarse en el tiempo, el resultado fue una decepcionante taquilla y críticas tan bajas que sepultaron las esperanzas de alguna secuela. Así existen varios ejemplos que ponen al descubierto estas conclusiones.

ACTORES QUE NO CONVENCEN

Sabemos que para un actor es una tarea titánica realizar una interpretación que tenga un aplauso unánime de parte del público, y la cosa se pone peor cuando se trata de caracterizar a un personaje explorado previamente, no solamente es aprender sus líneas más icónicas, el proceso conlleva adentrarse en el entorno de la narrativa, entender al personaje y por, sobre todo, descubrir la magia del guion para poder establecer el tono de su actuación, lamentablemente estos puntos se ven opacados por producciones aceleradas y actores en ascenso y otros de renombre que por su trayectoria, creen tener ventaja artística dejándolos atascados muchas veces en su zona de confort.

MAL USO DE LA NOSTALGIA

La razón estrella por la que pagamos una entrada para ver estos largometrajes, es la expectativa que tenemos de ingresar en una especie de máquina del tiempo, tratando de respirar ese aire de juventud, recordar vivencias que nos llevan a la frase de cajón “Todo pasado fue mejor”, y salir del cine con una sonrisa de satisfacción y esperanzadora para el futuro que viene, sin embargo aquí despertamos de una bofetada cuando notamos que muchas de las nuevas producciones, preocupadas por llevar un producto basado en los estándares de nuestra época, descuidan la razón de dicha nostalgia, se reemplazan factores claves de la ecuación por la imposición de efectos especiales (casi siempre innecesarios), narrativa actualizada al siglo actual, sin darse cuenta que dichos detalles son los que se deben tomar con pinzas y hacer los ajustes casi de forma quirúrgica, para que al salir de la función no nos vayamos con la impresión de haber visto una película totalmente distinta.

EL DINERO MANDA

No importa que tan bueno o malo sea un remake, al final del día las ganancias son las que dan la última palabra y callan cualquier opinión, y a pesar de contadas excepciones donde la taquilla fue un desastre, los números generados por las entregas hablan por sí solos y en general reciben una buena aceptación comercial, haciendo que muchas de las sugerencias de los consumidores funcionen más como una anécdota para la industria, entregando productos rápidos y sin sustancia, todos sabemos que las adaptaciones actuales que se convertirán en los nuevos clásicos se cuentan con los dedos de una mano, y mucho menos aún, aquellos que superan a la propuesta original, lo cual en cierta forma es una buena noticia para los dueños de los estudios, que en 20 años relanzarán alguno de los estrenos de 2020, con la excusa de “mejorar” el remake.

Como conclusión aclaro que no estoy en contra de estas cintas, he encontrado sorpresas bastante gratas en la cartelera de los últimos años, Infiltrados (2006) de Martin Scorsese, El tren de las 3:10 (2007) de James Mangold, It (2017) de Andrés Muschietti, Los Ángeles de Charlie (2019) – La última es mentira, tenía que poner esta pésima película en algún lado –   son algunas que, dentro de mi escueto conocimiento de cine, han sabido dar una propuesta sólida y que al igual que el vino, tendrán un mejor sabor con el paso de los años.

No siempre es necesario el uso del CGI para enriquecer el trabajo artístico de una película, contratar a un actor de alto perfil no es garantía de una cinta inolvidable, por el contrario, descifrar la magia de una historia y recrearla nos iluminará hacia una nueva visión de nuestros amados clásicos de antaño.